
Con cuanta frecuencia hemos de limpiar…? Cada persona tiene sus tiempos. Cada objeto, cada cuerpo, cada prenda tienen su momento. Época de limpieza. Habitual a finales y a principios de año. Cuantas veces hacemos borrón y cuenta nueva? Asear el espíritu es, con frecuencia, un ejercicio de introspección que nos hace pensar que somos hombres nuevos. Pero simplemente es eso… asear, limpiar, afeitar… quitar el polvo… En el fondo, seguiremos siendo lo mismo. Construidos con la misma pasta. Más limpios, sí! Más puros… también! Pero en el fondo seguiremos siendo lo mismo. Y es que limpiar, no es lo mismo que ordenar. Y una cosa sin la otra no funcionan… Volviendo de la oficina, en un sábado de “limpieza”… me encuentro con una lavanderia y pienso… en esos símbolos de lavado universales. La plancha, la lejía, el lavado en seco, o a mano, la temperatura… ¿les quitaron la propiedad intelectual? No dejan de ser logos. Expresiones universales que todo el mundo entiende… desde Japón a California. Tendrían que ser alabados por su sencillez, por su eficacia, por su afán internacional… Por su integración maternal… O es que acaso no recordáis a vuestra madre leyendo la etiqueta de aquella camisa que te gustaba diciendo… “Es 100% algodón, esto me costará mucho plancharlo!!“. Pues no! Normas internacionales que buscan su estandarización hacen que carezcan de derechos de autor, de derechos de propiedad industrial… y es que, en este campo, el premio por ser demasiado universal es… no tener ningún derecho!